PARTE 3: EL SECRETO QUE JEROME GUARDÓ DURANTE AÑOS

PARTE 3: EL SECRETO QUE JEROME GUARDÓ DURANTE AÑOS
La lluvia comenzó a caer cuando Alexander llegó al hospital.
No era una tormenta fuerte.
Solo una lluvia constante.
Fría.
Silenciosa.
Como si el cielo también estuviera esperando respuestas.
Malik permanecía sentado en el asiento trasero del vehículo.
No había dicho una sola palabra durante todo el trayecto.
Mantenía las manos apretadas sobre las rodillas.
Mirando por la ventana.
Esperando.
Temiendo.
Porque Jerome Reed era la única familia que le quedaba.
Y alguien había intentado silenciarlo.
Cuando llegaron al hospital, Damien los esperaba en la entrada.
Su expresión era seria.
Demasiado seria.
Malik sintió que el corazón se detenía.
—¿Está vivo?
preguntó inmediatamente.
Damien asintió.
—Sí.
Pero apenas.
El niño soltó el aire que llevaba minutos reteniendo.
Alexander colocó una mano sobre su hombro.
—Vamos.
Jerome estaba en una habitación privada.
Tenía varias costillas fracturadas.
Un brazo inmovilizado.
Y una profunda herida en la frente.
Pero seguía consciente.
Cuando vio entrar a Malik, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Lo hiciste.
susurró.
Malik corrió hasta la cama.
—Tío...
Jerome lo abrazó con el brazo sano.
Y durante varios segundos ninguno habló.
Alexander observó aquella escena desde la puerta.
Algo dentro de él se removió.
Porque comprendió que aquel hombre había arriesgado la vida por proteger a un niño.
Y porque sabía que muy pocas personas estaban dispuestas a hacer algo así.
Finalmente Jerome levantó la vista.
Y miró a Alexander.
—Lo siento.
Alexander frunció el ceño.
—¿Por qué?
Jerome cerró los ojos.
—Porque esto empezó hace mucho tiempo.
Y yo debí hablar antes.
El silencio cayó sobre la habitación.
Alexander sintió una extraña sensación.
Porque aquellas palabras significaban una sola cosa.
Había más.
Mucho más.
—¿Qué sabes?
preguntó.
Jerome tardó varios segundos en responder.
Parecía reunir fuerzas.
Como si estuviera a punto de abrir una puerta que había mantenido cerrada durante años.
—Marcus Reed no trabajaba solo.
Alexander sintió un escalofrío.
—¿Qué quieres decir?
Jerome miró directamente a los ojos del multimillonario.
—Celeste era solo una pieza.
La habitación quedó inmóvil.
—No entiendo.
Jerome respiró profundamente.
—Ella no quería tu empresa.
Ella quería ayudarte a quitártela.
Alexander sintió que el estómago se contraía.
—¿Ayudar a quién?
Jerome cerró los ojos.
—A alguien sentado en esa mesa.
Las palabras cayeron como una bomba.
Malik observó a su tío confundido.
Pero Alexander comprendió inmediatamente la gravedad de aquello.
Porque en el banquete había doce invitados.
Y todos ellos tenían acceso a información privilegiada.
Todos tenían intereses económicos.
Todos tenían algo que ganar.
—¿Quién?
preguntó.
Jerome negó lentamente.
—No lo sé.
Nunca vi su rostro.
—Entonces ¿cómo sabes que existe?
Jerome señaló una pequeña mochila que Damien había traído desde el accidente.
—Porque lo grabé.
La habitación entera quedó paralizada.
—¿Qué?
Jerome sonrió débilmente.
—Conocía a Marcus.
Sabía que estaba haciendo algo peligroso.
Así que comencé a seguirlo.
Damien intercambió una mirada con Alexander.
—¿Y encontraste algo?
Jerome asintió.
—Mucho.
Sacó una pequeña memoria USB escondida dentro de un bolsillo interior.
—Aquí está todo.
Alexander la tomó.
Sentía el peso de aquel pequeño objeto como si fuera una bomba.
Porque intuía lo que podía contener.
Y tenía razón.
Aquella misma noche revisaron los archivos.
Horas de grabaciones.
Fotografías.
Audios.
Transferencias bancarias.
Y finalmente apareció el video.
La grabación mostraba a Celeste hablando con Marcus.
Pero había una tercera persona.
Un hombre.
Sentado de espaldas.
Imposible de reconocer.
Sin embargo...
su voz era perfectamente audible.
Y cuando Alexander la escuchó...
la sangre desapareció de su rostro.
Porque conocía esa voz.
La había escuchado durante años.
En reuniones.
En negociaciones.
En cenas familiares.
Era alguien en quien confiaba.
Alguien muy cercano.
Alguien que llevaba años esperando quedarse con parte de su imperio.
Damien observó la grabación.
Luego miró a Alexander.
—¿Lo reconoces?
Alexander no respondió inmediatamente.
Porque le costaba creerlo.
Pero finalmente asintió.
Y pronunció un nombre que dejó a todos sin palabras.
—Richard Vale.
Damien abrió los ojos.
—¿Tu primo?
Alexander cerró los puños.
—Mi propio primo.
Todo comenzó a encajar.
Las inversiones desaparecidas.
Los contratos filtrados.
Los intentos de sabotaje.
Las traiciones internas.
Todo.
Richard llevaba años construyendo un golpe silencioso.
Y Celeste era solo una herramienta.
Jerome observó el video una vez más.
—Por eso intentaron matarme.
Porque escuché demasiado.
Alexander asintió lentamente.
Y por primera vez comprendió algo aterrador.
No había sobrevivido únicamente a una traición amorosa.
Había sobrevivido a una conspiración empresarial que llevaba años desarrollándose.
Y si Malik no hubiera atravesado aquel jardín...
probablemente estaría muerto.
Miró al niño.
Sentado junto a la cama.
Con los ojos cansados.
Y comprendió que toda su vida había cambiado gracias a alguien que el mundo ignoraba.
Un niño pobre.
Cubierto de barro.
Que tuvo el valor de decir la verdad cuando todos los demás guardaban silencio.
Pero la guerra apenas acababa de comenzar.
Porque Richard Vale todavía no sabía que Alexander ya conocía la verdad.
Y cuando finalmente lo descubriera...
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haría cualquier cosa para protegerse.
Incluso algo mucho peor que intentar silenciar a Jerome.
CONTINUARÁ EN LA PARTE FINAL
