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PARTE 2

## Capítulo 2: El libro azul

Sophia no respondió la primera llamada.

Tampoco la segunda.

Cuando el teléfono sonó por tercera vez, Adrian estaba conduciendo lejos del jardín de la boda.

Sophia miró la pantalla.

Vanessa.

La herida todavía estaba demasiado fresca.

"Puedes dejarlo sonar", dijo Adrian.

Sophia observó su propio reflejo en la ventana.

"No quiero volver a escuchar otra disculpa que solo aparece porque alguien tiene miedo."

El teléfono dejó de sonar.

Un segundo después llegó un mensaje.

"No te llamo por la boda. La abuela te dejó la mitad de todo. Papá falsificó tu firma."

Sophia dejó de respirar.

Adrian detuvo el coche a un lado de la carretera.

"¿Qué ocurre?"

Ella le mostró el mensaje.

Él lo leyó sin cambiar de expresión, pero sus dedos se tensaron sobre el volante.

"¿Lo sabías?", preguntó Sophia.

"No."

"¿Sospechabas algo?"

Adrian tardó en responder.

"Sabía que Ethan estaba desviando contratos hacia empresas relacionadas con tu familia. Por eso empezó la investigación."

Sophia sintió una punzada.

"¿Y no me dijiste nada?"

"No sabía si tu padre estaba involucrado. No quería convertir una sospecha empresarial en otra herida familiar sin pruebas."

Sophia apartó la mirada.

"Todo el mundo parece decidir qué verdad puedo soportar."

Adrian guardó silencio.

No se defendió.

Eso hizo que Sophia volviera a mirarlo.

"Tienes razón", dijo él. "Debí contarte lo que sabía."

Ella respiró hondo.

No necesitaba un hombre perfecto.

Necesitaba uno capaz de reconocer cuándo había fallado.

"Vanessa dice que hay un libro azul."

Adrian volvió a arrancar.

"Entonces iremos a buscarlo."

Sophia negó con la cabeza.

"No quiero volver a esa casa."

"No tienes que hacerlo."

"Sí."

Miró el mensaje otra vez.

"Toda mi vida me dijeron que no merecía estar allí. Si existe una prueba, no quiero que otro la encuentre por mí."

Cuando llegaron a la mansión Sinclair, la fiesta ya había terminado.

Las flores del jardín estaban mojadas por los aspersores. Las sillas permanecían desordenadas. Un empleado desmontaba el altar sin mirar a nadie.

Vanessa esperaba en la entrada lateral.

Se había quitado el vestido de novia. Llevaba una camisa blanca grande y pantalones oscuros. Sin maquillaje, sin tiara, sin la armadura que había usado toda su vida.

Sophia se detuvo frente a ella.

Ninguna habló al principio.

Vanessa sostuvo la caja azul.

"Esto estaba en mi habitación."

Sophia no la tomó.

"¿Por qué?"

"No lo sé. Tal vez mamá la puso ahí. Tal vez la abuela dejó instrucciones."

Margaret apareció detrás de ellas.

Tenía los ojos hinchados.

"Fui yo."

Sophia la miró.

La palabra mamá no salió.

Margaret apretó las manos.

"Tu abuela me entregó la caja antes de morir. Me pidió que la diera a las dos cuando fueran adultas."

"Yo tenía diecinueve años", dijo Sophia.

"Lo sé."

"Han pasado diez años."

"Lo sé."

"¿Por qué no lo hiciste?"

Margaret cerró los ojos.

"Porque tuve miedo de tu padre."

Sophia sintió que esa respuesta dolía precisamente porque era verdadera.

No era una excusa heroica.

Era cobardía.

"¿Y yo debía pagar por tu miedo?"

Margaret empezó a llorar.

"No."

"Pero pagué."

Vanessa bajó la mirada.

Sophia se acercó a la caja y sacó la carta de Eleanor.

Leyó cada palabra.

Cuando llegó a la frase sobre dividir la familia en dos para gobernarla, levantó la vista hacia Vanessa.

Por primera vez, su hermana no parecía una rival.

Parecía otra pieza del mismo juego.

Eso no borraba lo que había hecho.

Vanessa eligió humillarla.

Eligió reír.

Eligió convertir años de dolor en entretenimiento.

Pero ahora Sophia entendía dónde se había plantado la primera semilla.

Charles había enseñado a Vanessa que solo una hija podía ser importante.

Y le había enseñado a Sophia que nunca sería ella.

"¿Dónde está la llave?", preguntó Sophia.

Vanessa sacó la pequeña llave azul del bolsillo.

"El despacho de la abuela sigue cerrado."

Caminaron juntas por el pasillo.

Adrian iba detrás, acompañado por dos abogados de Laurent Global. Margaret las siguió a distancia.

El antiguo despacho de Eleanor estaba al final de la casa. Charles había prohibido entrar después de su muerte, diciendo que quería conservarlo intacto.

La llave abrió una puerta lateral oculta dentro de una estantería.

Detrás había una pequeña sala de archivos.

Vanessa encendió la luz.

Las paredes estaban cubiertas de carpetas.

En el centro había una mesa.

Y sobre ella, un libro grande de cuero azul.

Sophia se acercó.

Su nombre estaba grabado en la primera página.

Sophia Eleanor Sinclair.

Acciones asignadas: cincuenta por ciento del patrimonio personal de Eleanor Sinclair.

Fecha de transferencia: al cumplir veintiún años.

Nunca había recibido nada.

Adrian pasó varias páginas.

"Hay firmas."

Sophia las miró.

Una supuesta renuncia.

Su nombre.

Su firma.

Pero no era su firma.

La habían copiado de una solicitud universitaria.

Sophia reconoció la forma imperfecta de la S, exactamente igual a como firmaba cuando tenía dieciocho años.

"Yo nunca firmé esto."

Uno de los abogados tomó fotografías.

"El documento fue utilizado para transferir temporalmente sus acciones a Sinclair Capital."

Vanessa preguntó:

"¿Quién controla Sinclair Capital?"

Adrian la miró.

"Charles Sinclair."

Margaret se apoyó en una silla.

Sophia continuó pasando páginas.

Encontró transferencias desde su fideicomiso.

El apartamento de Vanessa.

La boda.

Inversiones de Ethan.

La expansión de una empresa familiar.

Todo había sido financiado, al menos en parte, con activos que pertenecían a Sophia.

Vanessa empezó a respirar con dificultad.

"Yo no sabía."

Sophia no levantó la mirada.

"Pero disfrutaste cada cosa."

Vanessa cerró los ojos.

"Sí."

No intentó defenderse.

"No sabía de dónde venía. Pero sí disfruté. Y te humillé por no tener lo que me daban con tu dinero."

Las lágrimas cayeron sobre sus manos.

"Lo siento."

Sophia cerró el libro.

"Un perdón no cambia diez años."

"Lo sé."

"Y no puedo confiar en ti porque hoy estés llorando."

"Lo sé."

Vanessa levantó la vista.

"No te pido que me perdones. Solo te pido que no dejes que papá destruya las pruebas."

Una voz llegó desde la entrada.

"Ya es demasiado tarde."

Charles estaba allí.

A su lado había dos hombres de seguridad.

En la mano sostenía una pequeña botella de combustible.

Margaret dio un paso adelante.

"Charles, no."

Él la ignoró.

Miró a Sophia.

"Siempre fuiste igual que tu abuela. Convencida de que la moral te hacía más inteligente."

Sophia sostuvo el libro azul contra el pecho.

"Falsificaste mi firma."

"Protegí una empresa."

"Me robaste."

"Te di una educación."

Sophia soltó una risa triste.

"Siempre conviertes lo mínimo que un padre debe hacer en una deuda eterna."

Charles levantó la botella.

"Dame el libro."

Adrian se interpuso.

"No va a ocurrir."

Charles lo miró con desprecio.

"Esto es un asunto familiar."

Adrian respondió:

"Dejó de serlo cuando utilizó contratos de mi empresa para lavar transferencias."

Charles sonrió.

"¿Crees que Ethan actuó solo?"

Vanessa se quedó inmóvil.

"¿Qué significa eso?"

Charles miró a su hija mayor.

"Tu prometido nunca quiso casarse contigo por amor."

Vanessa palideció.

"Calla."

"Quería acceso legal a las acciones de la familia. Yo le prometí una parte cuando la adquisición estuviera completa."

Sophia sintió que el aire se volvía más frío.

Vanessa negó con la cabeza.

"No."

Charles continuó, cruel:

"Tu boda era una firma con flores."

Vanessa retrocedió.

Ethan había dicho que todo era una negociación.

Ella creyó que hablaba de su necesidad de aparentar.

Ahora entendía que también él la había convertido en un contrato.

Charles destapó la botella.

Margaret corrió hacia él.

"¡No!"

Uno de los hombres de seguridad de Adrian la apartó justo cuando Charles arrojó combustible sobre las carpetas de una estantería.

Encendió un fósforo.

Sophia apretó el libro.

Charles sonrió.

"Sin archivos, solo queda la palabra de una hija resentida."

Antes de que pudiera dejar caer el fósforo, Vanessa se lanzó contra su brazo.

El fuego cayó sobre la alfombra.

Las llamas se extendieron.

Todos gritaron.

Adrian tomó a Sophia de la cintura y la alejó. Los abogados intentaron salvar las carpetas. Margaret corrió hacia el extintor del pasillo.

Charles empujó a Vanessa.

Ella cayó cerca del fuego.

Sophia la vio.

Durante una fracción de segundo pudo marcharse.

Podía dejar que Vanessa enfrentara las consecuencias.

Podía recordar el micrófono.

Las risas.

Las lágrimas.

Pero Sophia corrió hacia ella.

La tomó del brazo y la arrastró lejos de las llamas.

Vanessa la miró, sorprendida.

"¿Por qué?"

Sophia respiraba con dificultad.

"Porque no voy a convertirme en ustedes."

Las alarmas de la casa empezaron a sonar.

Las ventanas reflejaron luces rojas.

Policía.

Bomberos.

Fiscalía.

Adrian había enviado la ubicación antes de entrar.

Charles intentó salir por la puerta trasera, pero los agentes ya estaban en el pasillo.

Uno de ellos le bloqueó el paso.

"Charles Sinclair, no se mueva."

El fuego fue controlado antes de alcanzar el libro azul.

Las carpetas más importantes ya habían sido fotografiadas.

Charles observó cómo un agente le colocaba las esposas.

Luego miró a Sophia.

"Vas a destruir el apellido Sinclair."

Sophia sostuvo el libro azul manchado de humo.

"No."

Miró a Vanessa.

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Después a Margaret.

"Voy a descubrir cuánto de ese apellido merece salvarse."

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