PARTE 3

PARTE 3
Ethan permaneció inmóvil detrás del mostrador.
La carta seguía abierta entre sus manos.
Y cuanto más leía...
más comprendía que aquello era mucho peor de lo que había imaginado.
Lily no era simplemente una niña perseguida por un abuelo controlador.
Era el centro de una guerra familiar multimillonaria.
Una guerra que llevaba años desarrollándose en silencio.
Y que estaba a punto de explotar.
La carta provenía de un despacho jurídico privado.
Estaba dirigida a Richard Sterling.
No a Anna.
No a ningún juez.
A Richard.
Y contenía una advertencia.
Una advertencia que explicaba exactamente por qué aquel hombre estaba tan desesperado.
Cuando Daniel Sterling murió cinco años atrás, dejó un testamento secreto.
Un documento que permaneció sellado hasta que Lily cumpliera diez años.
Solo faltaban tres meses para su cumpleaños.
Tres meses.
Nada más.
Y según aquel documento...
la verdadera heredera de la fortuna Sterling no era Richard.
Era Lily.
Más de seiscientos millones de dólares.
Acciones.
Hoteles.
Inmuebles.
Fondos internacionales.
Todo pasaría automáticamente a nombre de la niña.
Y lo más importante:
Richard perdería el control absoluto de la empresa familiar.
Ethan cerró lentamente la carpeta.
Ahora comprendía por qué aquellos hombres habían aparecido.
Por qué Lily tenía miedo.
Y por qué Anna parecía vivir aterrorizada.
Aquello no era una disputa familiar.
Era una cacería.
Y una niña de nueve años era la presa.
Esa noche intentó llamar a Anna.
Pero nadie respondió.
Intentó nuevamente.
Nada.
Una tercera vez.
Silencio.
El mal presentimiento regresó inmediatamente.
Algo no estaba bien.
A la mañana siguiente.
Lily no apareció frente al restaurante.
Ni a mediodía.
Ni por la tarde.
Y aquello preocupó aún más a Ethan.
Porque la pequeña había prometido pasar a devolver la mochila.
A las cinco de la tarde decidió acercarse al edificio donde vivían.
Era un complejo antiguo.
Ladrillos rojos.
Escaleras metálicas.
Ventanas deterioradas.
Nada lujoso.
Nada especial.
Solo un lugar donde la gente intentaba sobrevivir.
Pero cuando llegó encontró algo extraño.
La puerta del apartamento estaba abierta.
Ethan llamó.
—¿Anna?
Nadie respondió.
—¿Lily?
Silencio.
Entró lentamente.
Y encontró el lugar vacío.
Completamente vacío.
Demasiado vacío.
Como si alguien hubiera salido con prisa.
O hubiera sido obligado a salir.
Entonces vio algo sobre el suelo.
Una fotografía.
La fotografía de Lily.
Rota.
Pisoteada.
El corazón comenzó a acelerarse.
Y entonces escuchó una voz detrás de él.
—Llegas tarde.
Ethan giró rápidamente.
Un anciano estaba sentado en el pasillo.
Observándolo.
—¿Qué pasó aquí?
preguntó Ethan.
El hombre suspiró.
—Vinieron esta mañana.
Muchos hombres.
Trajes negros.
Coches caros.
La niña lloraba.
La madre gritaba.
Ethan sintió un golpe en el estómago.
—¿Se las llevaron?
El anciano asintió lentamente.
—La mujer intentó resistirse.
Pero no pudo hacer nada.
La sangre comenzó a hervir dentro de Ethan.
Porque ahora lo entendía.
Richard Sterling había decidido dejar de fingir.
Y eso significaba que Lily estaba en peligro.
Realmente en peligro.
Aquella misma noche.
A varios kilómetros de allí.
Lily estaba sentada en una enorme habitación.
Una habitación más grande que todo el apartamento donde vivía con su madre.
Ventanas enormes.
Muebles antiguos.
Alfombras caras.
Todo parecía sacado de una revista.
Pero para ella parecía una prisión.
Porque estaba sola.
Y porque no sabía dónde estaba su madre.
La puerta se abrió.
Y Richard Sterling entró.
El multimillonario parecía elegante.
Perfectamente vestido.
Perfectamente peinado.
Perfectamente falso.
—Hola, Lily.
La niña no respondió.
Richard sonrió.
—Pronto entenderás que esto es lo mejor para ti.
—Quiero a mi mamá.
La sonrisa desapareció.
—Tu madre tomó malas decisiones.
—Quiero a mi mamá.
—Ya basta.
Lily se encogió.
Y aquello hizo que Richard respirara profundamente.
Intentando recuperar la calma.
Durante años había esperado aquel momento.
Años.
Y no permitiría que una niña arruinara sus planes.
Porque en tres meses cumpliría diez años.
Y todo cambiaría.
A menos que él lograra impedirlo.
Mientras tanto.
Ethan conducía hacia el centro de Chicago.
La carpeta seguía en el asiento del pasajero.
Y una sola idea ocupaba su mente.
No podía abandonar a Lily.
Porque la promesa que le hizo frente al restaurante era mucho más importante de lo que parecía.
"Algún día ayuda a alguien más."
Quizás aquel día había llegado.
Sin embargo, Ethan todavía no sabía algo.
Algo que cambiaría completamente la historia.
Algo relacionado con su propio pasado.
Porque mientras conducía recibió una llamada.
Número desconocido.
Respondió.
—¿Sí?
Hubo silencio.
Luego una voz femenina.
Temblorosa.
Asustada.
—¿Ethan Walker?
—Sí.
—Mi nombre es Anna Carter.
Ethan frenó inmediatamente.
—¿Dónde está Lily?
preguntó.
Pero la respuesta de Anna fue aún más impactante.
—Lily no es la única persona que Richard Sterling ha intentado destruir.
Hubo un largo silencio.
Y entonces Anna pronunció una frase que hizo que Ethan sintiera que el mundo acababa de cambiar.
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—Hace veinte años también destruyó a tu familia.
CONTINUARÁ...
