PARTE 5

PARTE 5
Ethan permaneció inmóvil.
El pequeño papel temblaba entre sus dedos.
La frase escrita por su padre parecía imposible.
Y sin embargo estaba allí.
Negra sobre amarillo.
Simple.
Directa.
Terriblemente específica.
"Si estás leyendo esto, significa que finalmente vinieron por Lily."
No decía "por la niña".
No decía "por ella".
Decía Lily.
Por su nombre.
El corazón comenzó a latir con fuerza.
Porque aquella nota había sido escrita muchos años antes de que Lily naciera.
O al menos eso era lo que parecía.
Y eso significaba solo dos posibilidades.
La primera.
Que aquello fuera una coincidencia imposible.
La segunda.
Que su padre hubiera sabido algo mucho más grande de lo que Ethan jamás imaginó.
Y Ethan ya no creía en las coincidencias.
Se obligó a respirar.
Luego volvió a examinar el papel.
En la parte inferior había algo más.
Una serie de números.
18 - 7 - 24
Y debajo.
Una dirección.
Una vieja estación ferroviaria abandonada al sur de Chicago.
Ethan conocía aquel lugar.
Llevaba años vacío.
Nadie tenía motivos para ir allí.
Excepto alguien que quisiera esconder algo.
O alguien que quisiera que nunca fuera encontrado.
Guardó cuidadosamente la nota dentro de su billetera.
Tomó las llaves.
Y salió de la casa.
Mientras tanto...
En la mansión Sterling.
Richard estaba furioso.
Los informes seguían llegando.
Anna había desaparecido.
Los investigadores privados no podían encontrarla.
Los teléfonos estaban apagados.
Las cuentas bancarias vacías.
Los rastros digitales borrados.
Como si alguien la hubiera ayudado.
Y Richard odiaba no tener el control.
Golpeó el escritorio.
—¡Encuéntrenla!
Los hombres frente a él permanecieron en silencio.
Porque todos sabían algo.
Cuando Richard Sterling perdía la paciencia...
Las cosas terminaban mal.
Muy mal.
Uno de los asistentes dio un paso adelante.
—Señor...
Hay otro problema.
Richard levantó la mirada.
—¿Qué problema?
—Ethan Walker.
El nombre provocó una reacción inmediata.
No visible para cualquiera.
Pero suficiente para que el asistente la notara.
—¿Qué pasa con él?
—Está investigando.
Richard se quedó inmóvil.
—¿Cómo lo sabes?
—Nuestros hombres lo siguieron.
Entró en la antigua casa de su padre.
Y salió con algo.
Richard cerró lentamente los ojos.
Por primera vez en mucho tiempo...
Sintió miedo.
Porque el apellido Walker debía haber desaparecido de esta historia hacía veinte años.
Y sin embargo volvía a aparecer.
Igual que antes.
Igual que Daniel.
Igual que Claire.
Igual que todos los problemas que creyó haber enterrado.
—Encuéntrenlo.
dijo finalmente.
—¿Y si encuentra la caja?
preguntó uno de los hombres.
Richard levantó la mirada.
Y la frialdad de sus ojos hizo que nadie volviera a hablar.
—Entonces asegúrense de que no viva lo suficiente para abrirla.
El silencio fue absoluto.
Porque nadie dudó que hablaba en serio.
Horas después.
Ethan llegó a la estación abandonada.
El edificio parecía un fantasma.
Ventanas rotas.
Hierro oxidado.
Graffiti cubriendo las paredes.
Y un silencio inquietante.
La lluvia comenzaba a caer.
Pequeñas gotas golpeaban el asfalto mientras avanzaba con una linterna.
La dirección de la nota lo condujo hasta un antiguo almacén detrás de las vías.
La puerta estaba cerrada con cadenas.
Pero la cerradura era vieja.
Muy vieja.
Y después de unos minutos logró abrirla.
El interior estaba oscuro.
Completamente oscuro.
Solo el sonido de las gotas cayendo desde el techo roto rompía el silencio.
Ethan avanzó lentamente.
Y entonces encontró algo.
Una pared de ladrillos diferente al resto.
Más nueva.
Más limpia.
Como si hubiera sido reconstruida.
Recordó los números.
Comenzó a contar ladrillos.
Fila dieciocho.
Columna siete.
Ladrillo veinticuatro.
Cuando lo presionó...
Escuchó un clic.
Y una parte de la pared se abrió lentamente.
Detrás había una caja metálica.
Pequeña.
Pesada.
Sellada.
El corazón comenzó a acelerarse.
Porque después de tantos años...
Finalmente la había encontrado.
La caja.
La caja por la que habían perseguido a Anna.
La caja por la que habían secuestrado a Lily.
La caja por la que probablemente mataron a su padre.
Y justo cuando estaba a punto de abrirla...
Escuchó aplausos detrás de él.
Lentos.
Fríos.
Calculados.
Ethan giró bruscamente.
Y sintió que la sangre se congelaba.
Tres hombres bloqueaban la salida.
Trajes negros.
Pistolas.
Auriculares.
Los mismos hombres que habían intentado llevarse a Lily.
Pero no estaban solos.
Porque detrás de ellos apareció alguien más.
Richard Sterling.
El multimillonario sonrió lentamente.
—Sabía que tarde o temprano llegarías aquí.
Ethan sujetó la caja con fuerza.
—¿Mataste a mi padre?
Richard no respondió inmediatamente.
Simplemente observó la caja.
Como un hombre observando algo que llevaba décadas buscando.
—Tu padre cometió un error.
dijo finalmente.
—¿Cuál?
Richard sonrió.
—Creyó que la verdad importaba.
Aquellas palabras confirmaron todo.
Absolutamente todo.
Y Ethan comprendió algo aterrador.
No había venido a recuperar la caja.
Había venido a eliminar al último testigo.
Y ahora Ethan estaba atrapado.
Solo.
Con tres hombres armados.
Y un secreto capaz de destruir uno de los imperios más poderosos de Chicago.
Entonces Richard dio un paso adelante.
Y dijo una frase que hizo que Ethan sintiera un escalofrío recorrer toda su espalda.
—Entrégame la caja.
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Y te prometo que morirás rápido.
CONTINUARÁ...
