PARTE 4

PARTE 4
Ethan sintió que las manos le temblaban sobre el volante.
Durante varios segundos fue incapaz de responder.
Las luces de los automóviles pasaban frente al parabrisas mientras el tráfico nocturno de Chicago seguía avanzando como si nada hubiera ocurrido.
Pero para él, todo acababa de cambiar.
—¿Qué acabas de decir?
preguntó finalmente.
Al otro lado de la línea, Anna respiró profundamente.
Parecía agotada.
Como alguien que llevaba años cargando un secreto demasiado pesado.
—Richard Sterling destruyó muchas vidas para proteger su fortuna.
No solo la mía.
No solo la de Lily.
También la de tu familia.
Ethan apretó el teléfono.
Su corazón comenzó a acelerarse.
—No te conozco.
—Lo sé.
—Entonces dime cómo sabes algo sobre mi familia.
Hubo unos segundos de silencio.
Después Anna respondió.
—Porque Daniel me contó la verdad antes de morir.
Ethan cerró los ojos.
Daniel Sterling.
El padre de Lily.
El hombre que había muerto cinco años atrás.
—¿Qué verdad?
preguntó.
Anna dudó.
Como si supiera que lo que iba a decir cambiaría demasiadas cosas.
—Tu padre trabajaba para Richard Sterling.
Aquellas palabras golpearon como un martillo.
Porque eran ciertas.
Su padre había trabajado durante años para una de las constructoras asociadas al imperio Sterling.
Hasta el día de su muerte.
Un accidente.
Así era como siempre lo habían llamado.
Un accidente laboral.
Un andamio.
Una caída.
Un funeral.
Y después nada.
—¿Cómo sabes eso?
preguntó Ethan.
—Porque Daniel encontró documentos.
Documentos que demostraban que tu padre estaba investigando algo.
El mundo pareció detenerse.
—¿Qué estaba investigando?
La voz de Anna bajó aún más.
—Fraude.
Desvío de dinero.
Empresas fantasma.
Propiedades compradas con fondos robados.
Todo conectado con Richard Sterling.
Ethan sintió un nudo en el estómago.
Porque aquello coincidía con algo que jamás había olvidado.
La última conversación que tuvo con su padre.
Tenía diecisiete años.
Su padre llegó tarde a casa.
Nervioso.
Callado.
Distinto.
Aquella noche había dicho una frase que Ethan nunca entendió.
"Si algo me pasa, recuerda que no todos los hombres ricos son inteligentes. Algunos simplemente son peligrosos."
Dos semanas después murió.
Y el caso se cerró rápidamente.
Demasiado rápido.
Ahora comenzaba a comprender por qué.
—¿Tienes pruebas?
preguntó Ethan.
—Sí.
Y Daniel también las tenía.
—¿Dónde están?
Anna guardó silencio.
—Eso es lo que Richard lleva años intentando encontrar.
La respuesta hizo que Ethan comprendiera algo aterrador.
Si Richard había secuestrado a Lily...
No era solo por la herencia.
Buscaba algo más.
Algo que Daniel escondió antes de morir.
Y creía que Anna sabía dónde estaba.
—¿Dónde estás?
preguntó Ethan.
—No puedo decírtelo.
—Anna...
—Me están buscando.
Se escuchó un ruido extraño al otro lado.
Una puerta.
Pasos.
Luego la voz de Anna volvió.
Más apresurada.
Más nerviosa.
—Escúchame con atención.
Lily está en peligro.
Mucho más de lo que imaginas.
—Voy a encontrarla.
—No.
Primero debes encontrar la caja.
—¿Qué caja?
—La caja que tu padre escondió.
Ethan frunció el ceño.
—No sé de qué hablas.
—Sí lo sabes.
Solo que aún no lo recuerdas.
Y entonces la llamada se cortó.
Completamente.
Ethan volvió a marcar.
Una vez.
Dos veces.
Cinco veces.
El teléfono estaba apagado.
Y el miedo comenzó a crecer dentro de él.
Porque algo le decía que Anna acababa de meterse en problemas.
Problemas reales.
Mientras tanto...
En la mansión Sterling.
Lily observaba por la ventana.
Era una habitación enorme.
Con una cama enorme.
Un televisor enorme.
Y una soledad aún más grande.
No quería nada de aquello.
Solo quería volver a casa.
Solo quería volver con su madre.
La puerta se abrió nuevamente.
Esta vez no era Richard.
Era una mujer mayor.
Cabello gris.
Uniforme impecable.
Expresión amable.
—Hola.
dijo suavemente.
Lily no respondió.
La mujer dejó una bandeja sobre la mesa.
—Traje comida.
—No tengo hambre.
La mujer la observó unos segundos.
—Yo tampoco tendría hambre si estuviera asustada.
Aquello hizo que Lily levantara la mirada.
Por primera vez.
—¿Quién es usted?
La mujer sonrió.
—Me llamo Margaret.
Trabajo aquí desde antes de que naciera tu padre.
Lily guardó silencio.
Margaret observó la habitación.
Luego cerró la puerta con cuidado.
Y bajó la voz.
—Tu abuelo no es un hombre bueno.
La niña abrió los ojos.
—Lo sé.
Aquella respuesta sorprendió a Margaret.
Porque no sonó como una niña.
Sonó como alguien que ya había aprendido demasiado sobre el mundo.
—Entonces escucha con atención.
continuó Margaret.
—Hay personas intentando ayudarte.
—¿Mi mamá?
—Sí.
Y alguien más.
Lily pensó inmediatamente en Ethan.
El hombre del restaurante.
El hombre que le regaló un sándwich cuando tenía hambre.
El hombre que la trató como si importara.
Y por alguna razón eso le dio esperanza.
Una esperanza pequeña.
Pero suficiente.
Porque mientras todos veían a Richard Sterling como un hombre poderoso...
Lily comenzaba a descubrir algo diferente.
Tenía miedo.
Y los hombres peligrosos solo sienten miedo cuando saben que la verdad está cerca.
Esa misma noche.
A varios kilómetros de allí.
Ethan llegó a la vieja casa donde creció.
La casa estaba vacía.
Abandonada desde la muerte de su madre.
No sabía exactamente por qué había ido.
Solo recordaba una frase.
"La caja que tu padre escondió."
Y algo dentro de él seguía repitiendo esas palabras.
Como un eco.
Como un recuerdo.
Como una advertencia.
Entró.
El lugar estaba cubierto de polvo.
Oscuro.
Silencioso.
Y entonces vio algo.
Una vieja fotografía familiar.
Detrás del marco sobresalía un pequeño papel amarillo.
Ethan lo sacó lentamente.
Y sintió que la sangre abandonaba su rostro.
Porque reconoció inmediatamente la letra.
Era de su padre.
Y solo contenía una frase.
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"Si estás leyendo esto, significa que finalmente vinieron por Lily."
CONTINUARÁ...
