PARTE 8

PARTE 8
El silencio se volvió insoportable.
Anna seguía sosteniendo la carta de Daniel entre las manos.
Las lágrimas caían lentamente sobre el papel.
Pero ya no lloraba por el pasado.
Lloraba por algo mucho peor.
Por una verdad que había permanecido enterrada durante veinte años.
Ethan permanecía frente a ella.
Esperando.
Intentando comprender.
—¿Qué quieres decir con que Daniel tenía otra hija?
preguntó finalmente.
Anna tragó saliva.
—Eso mismo pensé yo.
Miró nuevamente la carta.
Como si todavía esperara haber leído mal.
Pero las palabras seguían allí.
Claras.
Innegables.
Daniel había escrito:
"Si algún día encuentran esta carta, significa que Richard ya perdió el control de la situación."
"Y si eso ocurre, deben encontrar a mi otra hija antes que ellos."
Otra hija.
Otra niña.
Otra heredera.
Y nadie sabía nada.
Absolutamente nadie.
Ni Anna.
Ni Richard.
Ni siquiera Lily.
Ethan sintió que la cabeza comenzaba a dolerle.
—¿Cómo es posible?
Anna negó lentamente.
—No lo sé.
Pero Daniel nunca mentía.
Y si escribió esto...
Es porque era verdad.
La habitación quedó nuevamente en silencio.
Hasta que el fiscal tomó la carta.
Leyó varias líneas.
Y entonces encontró algo más.
Una dirección.
Una fecha.
Y un nombre.
El nombre de una mujer.
Sarah Collins.
Anna frunció el ceño.
—Nunca escuché ese nombre.
El fiscal continuó leyendo.
Y cuanto más avanzaba...
Más seria se volvía su expresión.
Finalmente levantó la mirada.
—Creo que Daniel ocultó a esa niña.
—¿Qué?
preguntó Ethan.
—No para abandonarla.
Para protegerla.
La idea parecía absurda.
Hasta que comenzaron a unir las piezas.
Richard Sterling llevaba décadas destruyendo vidas para conservar su fortuna.
Si Daniel descubrió lo que estaba ocurriendo...
Si comprendió el peligro...
Tal vez tomó una decisión desesperada.
Ocultar a una de sus hijas.
Y dejar a la otra con Anna.
Dividirlas.
Esconderlas.
Mantenerlas vivas.
A cualquier precio.
Porque un heredero podía desaparecer.
Pero dos eran mucho más difíciles de eliminar.
Anna comenzó a temblar.
—Dios mío...
Durante años creyó conocer completamente al hombre con quien se había casado.
Y ahora descubría secretos que ni siquiera imaginaba.
Secretos construidos sobre miedo.
Secretos construidos sobre sangre.
Secretos construidos para sobrevivir.
Mientras tanto...
A varios kilómetros de allí.
Lily seguía encerrada en la mansión Sterling.
Pero ya no estaba sola.
Margaret había regresado.
Y traía algo consigo.
Un viejo álbum de fotografías.
La mujer se sentó junto a la cama.
—Hay algo que debes ver.
Lily observó las fotografías.
Primero aparecía Daniel.
Sonriendo.
Más joven.
Más feliz.
Luego aparecía Anna.
Y finalmente una fotografía que hizo que la niña frunciera el ceño.
Porque aparecían dos bebés.
No uno.
Dos.
Lily sintió un escalofrío.
—¿Quién es?
preguntó.
Margaret guardó silencio unos segundos.
Luego respondió.
—No estoy completamente segura.
Pero creo que es tu hermana.
La habitación pareció quedarse sin aire.
—¿Mi hermana?
Margaret asintió lentamente.
—Hace muchos años escuché conversaciones.
Susurros.
Mentiras.
Personas intentando ocultar cosas.
Y recuerdo una palabra.
Gemelas.
Lily abrió los ojos.
Completamente sorprendida.
—¿Gemelas?
Margaret cerró el álbum.
—Nunca tuve pruebas.
Hasta ahora.
Porque la fotografía mostraba claramente dos bebés recién nacidas.
Y Daniel sostenía a ambas.
Con una sonrisa llena de orgullo.
La niña sintió que el mundo acababa de cambiar.
Porque toda su vida creyó estar sola.
Y ahora descubría que quizá tenía una hermana.
Una hermana perdida.
Una hermana que probablemente ni siquiera sabía que existía.
Mientras tanto...
En una pequeña ciudad de Wisconsin.
A más de cuatrocientas millas de Chicago.
Una joven de diecinueve años terminaba su turno en una cafetería.
Cabello oscuro.
Ojos color avellana.
Una vieja cicatriz cerca de la muñeca.
Y un colgante que había llevado toda su vida.
Su nombre era Emma Collins.
Y no tenía idea de quién era realmente.
No sabía nada sobre Richard Sterling.
Nada sobre Daniel.
Nada sobre Lily.
Nada sobre la fortuna.
Nada sobre los hombres que habían matado para proteger secretos.
Porque durante veinte años alguien se había asegurado de mantenerla lejos de todo aquello.
Muy lejos.
Sin embargo...
Esa noche recibió una llamada.
Número desconocido.
Emma dudó.
Pero respondió.
—¿Hola?
Hubo silencio.
Luego una voz masculina.
Una voz nerviosa.
Una voz aterrorizada.
—Emma...
La joven frunció el ceño.
—¿Quién habla?
El hombre respiró profundamente.
Y pronunció una frase que hizo que el corazón de Emma comenzara a latir más rápido.
—Tu vida corre peligro.
Emma se puso de pie inmediatamente.
—¿Qué?
Pero el hombre continuó.
—Escúchame.
No tenemos mucho tiempo.
—¿Quién es usted?
—Alguien que prometió protegerte.
La línea crujió.
Como si alguien estuviera interceptando la llamada.
Y entonces llegó la frase que cambiaría todo.
—Tu verdadero nombre no es Emma Collins.
La joven sintió que la sangre abandonaba su rostro.
—¿Qué está diciendo?
La voz respondió.
—Tu verdadero nombre es Emma Sterling.
Y tienes una hermana llamada Lily.
La llamada se cortó.
Completamente.
Y en ese mismo instante...
A cientos de kilómetros de distancia...
Un hombre observaba una fotografía reciente de Emma.
Era uno de los antiguos socios de Richard Sterling.
Y acababa de recibir una orden.
Una orden simple.
Una orden mortal.
Encontrar a Emma antes que Ethan.
Porque si las dos hermanas llegaban a reunirse...
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Todo el imperio Sterling desaparecería para siempre.
CONTINUARÁ...
